El valor del escudo

Publicado por eloccidente En febrero - 5 - 2010

• Entrevista a Ólger Villegas
Por: Trino Barrantes
TB.- Estamos frente a uno de los escultores más connotados de este país: don Olger Villegas, con quien conversarnos con respecto al Escudo de San Ramón, aprobado en 1953. Para iniciar:- En este dialogo usted refiere con un gran respeto a su figura paterna: Marcelino Villegas Valverde. ¿Por qué ?img206

OV.- Mi papá fue un hombre de este pueblo, hijo de Hermelinda Valverde y de Manuel Villegas. De Manuel Villegas sé que era pariente de los Villegas de aquí; tenía familiares asentados en Alto Villegas, entre ellos Dionisio Villegas, Raimundo Villegas. Pero lo que si quisiera destacar aquí es que mi papá era nieto de un gran artesano, don Rafael Valverde. Este hombre nunca fue a la escuela y era un gran artesano, porque él era tallista ornamental de muebles e instrumentos musicales. Mi abuela conservó por muchos años una cruz labrada por él. Dicha cruz tenía una serie de simbolismos gravados muy importantes. No volvimos hablar de la cruz y cuando murió mi abuela, desapareció la cruz, algún familiar debe haberse quedado con ella.

Mi abuela me contaba que el abuelo se había ido a la guerra de 1856. Resulta que nunca pudo ir a la escuela, no tuvo ninguna instrucción pero él era un hombre que leía incansablemente, era un autodidacta. Además, era un gran músico porque hacía y tocaba violines. Era muy amante de las letras, escribía poemas. Era una persona sumamente habilidosa, yo tengo el concepto de que él fue un gran artesano.

Bueno, todo esto se lo cuento porque en la familia hay una buena cantidad de artesanos.

A mí, en lo particular, me ha gustado mucho la historia, sobre todo los detalles históricos que refieren a mi pueblo, San Ramón. Por supuesto, hay muchas cosas que desconozco, pero lo que he vivido, todo lo que está en refencia hacia atrás forman parte de los motivos que me inspiran. Parto de ese concepto ofrecido por un filósofo que dice: “Para hacer historia hay que conocer la historia”. Y para avanzar en la historia es realmente volver al pasado. Uno debe coger lo bueno de la historia, para poder proyectarse hacia el futuro, esto es verdaderamente importantísimo, porque uno no puede desconocer su origen.

Con respecto al escudo, nosotros habíamos hablado, yo te hice un comentario. Fue un símbolo que se me ocurrió en un momento muy importante de mi vida, porque ese momento fue muy decisivo. Yo solicité la ayuda a un hombre que conocía mucha historia, que amó entrañablemente su terruño, me refiero a Don Eliseo Gamboa. De él tomé fundamentalmente todos los datos exclusivos para hacer el escudo. Yo platiqué muchas veces con él, me habló de la gran tradición artística de este pueblo; que la lira podía ser el símbolo ideal para simbolizar todo lo que era el alma ramonense. Eran gente muy amante de las plásticas, de las letras; en fin de todo lo que eran las artes y que en parte eran gentes muy trabajadoras, gentes que tenían un espíritu muy altruista, sobre todo un gran espíritu de progreso. Entonces yo fui amalgamando una serie de símbolos. Me habló, por ejemplo, de las correrías de Coyoche, llamado también Garabito, que no sólo habitó San Ramón, sino los territorios comprendidos entre Esparza, San Mateo, Orotina, Atenas, San Ramón, eran los valles que él recorría constantemente, territorios donde él tenía sus bases, sus huestes y posiblemente sus ciudades pretéritas. Por cierto que su esposa, es un dato que recientemente corroboré en historia, llamada Goyotsara, lo que me permite corregir una ideal equivocada que tenía al respecto. Goyotsara una mujer hermosa, una mujer a quien Goyoche amó entrañablemente, una mujer de la cual se valieron los españoles para tratar de convencerlo y de conquistarlo, se la raptaron. Entonces, ese filón sentimental del ramonense está muy “cachado” en la actitud de Coyoche. Coyoche se internó en la selva y nunca lo pudieron vencer, evangelizar que era el propósito de los españoles; o por lo menos nunca pudieron someterlo.

Bueno yo quisiera que este preámbulo nos de margen para poder hablar todo lo que esté a nuestro alcance sobre el escudo, que es parte del interés de esta visita.

TB.- Me gustaría empezar por cada una de las partes componentes del Escudo. Me parece que para empezar, mi pregunta se orienta a un primer elemento, el libro. ¿ Por qué el libro se deja en blanco, usted no recurre a ningún tipo de letra? ¿Qué contenido tiene, pues, un libro blanco dentro del escudo?

OV.- Este es un motivo muy importante. Los ramonenses son gente muy estudiosa, en la misma frase que sirve de lema al escudo: “IDEAL” ya nos representa. El libro ha sido fundamental en la cultura, el ramonense tiene asentadas sus bases en un gran desarrollo intelectual. Nosotros hemos tenido grandes poetas, pero no solamente poetas, gente destacada en la medicina, en la música, en la política, en fin, en todas las cosas que se puedan conectar con la cultura. Lo que nos lleva a señalar que el ramonense es una persona muy estudiosa, que busca siempre prepararse, que tiene muchas ganas de superarse. Por esa razón y en la época pretérita referida, lo dos elementos, la bujía o candela -o como quieran llamarla- era el único medio para estudiar. Yo tuve la oportunidad de estudiar con candela, a pesar de que en San Ramón ya había luz eléctrica, pero no todas las casas teníamos electricidad. Yo recuerdo que en donde mi abuelita Hermelinda, me iba hacer las tareas con mi cuadernillo, mi pluma y una candela. Había un inconveniente tremendo, los techos eran de teja y las casas no tenían cielorraso. Cuando llovía se generaban una serie de goteras que pringaban el cuaderno y apagaban las candelas. Entonces había que ponerse la mano en forma de visera para proteger la candela de que no se apagara, seguir escribiendo y que no cayera agua. Según me contaba mi abuelito cuando él leía y leía, porque era un hombre que le gustaba mucho leer, lo hacía alumbrándose con candelas. Ese es el significado del libro y la candela.

Luego hay una piqueta que simboliza el anhelo del hombre por el oro, pero no solamente por el oro como metal, sino por la semejanza que tiene el oro con el brillo intelectual. No solamente el oro de la roca o el oro material, sino el oro del espíritu que tiene que ver significativamente con el ramonense.

Está también un cerrito. Este cerro es un rinconcito que yo desde niño amé entrañablemente. Ese era, casi que se puede decir, el símbolo de esta ciudad, el famoso cerro del Tremedal. En ese cerrito iba la gente a pasear. Detrás de ese cerro había unos potreros, de Don Nautilio Acosta, llenos de árboles de manzana y nosotros íbamos a jugar ahí. Para mí tiene un gran simbolismo. Paradójicamente, ese cerro fue destruido -lo mencioné en la entrevista anterior- por un hombre que inclusive colaboró para que se hiciera el Escudo, y que después tuvo la ocurrencia de construir un tanque de captación de agua. Por supuesto que esta acción, en lo particular, me pareció un atropello. Siendo yo una persona amante del arte y de la ecología sobre todo, esto es una cosa que nace con uno, sigo creyendo en la posibilidad de recuperar esos espacios llenos de árboles, jardines, flores, porque fue lo que yo tuve más inmediatamente en mi vida. Fueron elementos inmediatos.

Mi padre y mi madre fueron maestros rurales, yo caminaba en caballo en ancas o adelante en la bestia de mi padre y lo único que hacía era pelar los ojos, yo quería tragarme los paisajes con la vista, entonces guardo una cantidad inmensa de imágenes, de la topografía y el ambiente de nuestros paisajes.
TB.- Don Olger, otra gran interrogante que me surgió a partir de la primera conversación. Usted me dijo que la lira del escudo estaba formada por cinco barras. ¿ Corresponden esas barras a los cinco barrios que forman San Ramón hacia 1864 ? ¿ Otra interrogante más, la lira nuestra rompe con la lira tradicional de siete barras o la más antigua que estaba formada por nueve, por qué razón?

OV.- Las cinco barras simbolizan las artes plásticas del espacio y del tiempo. Las artes plásticas son: arquitectura, pintura y escultura. Constituyen las artes visuales o del espacio. Las otras dos barras restantes son las artes auditivas o del tiempo: poesía y música. Las tres primeras se ven, se tocan y ocupan un espacio; las otras son auditivas porque se perciben por medio del oído y requieren de un espacio de tiempo necesario para escucharlas. Este el núcleo original de las artes, de aquí se desprenden una serie de ramas de artes secundarias, como son de la música, la danza, de la poesía el teatro, de la pintura la escenografía, etc. Hoy día las artes han ampliado su radio, la fotografía, el cine, la televisión ocupan un espacio dentro de las artes. Dentro este espectro moderno que tiene que responder al proceso la artes primarias también deben adecuarse.

Respecto a lo simbólico, ya he manifestado que gran parte del escudo se debe a la información vertida por don Eliseo. Es posible que si para esa fecha existieran cinco barrios, de alguna manera se buscara plasmar en el escudo. Por ejemplo, respecto a la minería, don Eliseo me contaba que no todas las personas eran aceptadas en las minas. A los pobres no se les daba trabajo porque no era del interés de los dueños de la minas, además no podían meter a todo el mundo porque la rentabilidad de ganancias les bajaba. Esta situación da lugar a que se produzca una fiebre de coligalleros. Eran gentes que se iban de noche, se metían en un socavón, escarbaban cargaban unos sacos, se los echaban al hombro hasta llevarlos a una yegua o una mula y los traían hasta sus propios hogares, donde tenían sus molinetes. Yo tuve la dicha tener dentro de mi familia a personajes que fueron mineros, porque habitaban en las minas y también coligalleros, el caso de mi abuelito Miguel que trabajó en las minas de Abangares, en Pata de Gallo y el caso de mi papá que junto con Albino Hernández “coligallaban”. Recuerdo que mi papá se zafaba en las noches y no se sabía donde estaba, por la madrugada amanecían en la casa de Albino, -Yo se lo cuento porque yo lo viví- y Albino tenía una bandeja donde vaciaban azogue o mercurio y con un pañuelo recogían lo que estaba en la batea, apretaban, entonces salía el mercurio. Lo que quedaba en el pañuelo lo colocaban en una bandejita pequeña, lo metían al fuego hasta que se solidificara. Por eso la piqueta del minero que tiene un doble sentido. El oro brilla tanto en el talento como en el metal, en el escudo se trata de darle sentido al gran talento que ha tenido este pueblo. Sobre todo ha habido un material humano exquisito para las artes, pero realmente no se ha cosechado, no se ha cultivado. Son muy pocas las gentes. El caso de Lisímaco Chavarría, Carlomagno Araya, Rafael Lino Paniagua, Félix Ángel Salas, entre otros. Félix A. Salas no sólo fue un poeta, fue un educador extraordinario por eso el libro simboliza la educación. Mi padre fue un excelente maestro, y dígase lo que se diga, y míresele como se le quiera mirar, el preparaba la gente para que se fuera a los campos a trabajar. Yo te contaba la primera vez que hablamos del dolor que cargaba mi padre porque uno de sus discípulos, en el ejercicio de su función murió en un río. Papá tenía un altruismo increíble, yo nunca recuerdo que hubiese cobrado. A lo mejor lo remuneraban de alguna manera, en algún sentido, pero él no fijaba ninguna tarifa por enseñar y preparar la jóvenes maestros. En su casa tenía pizarra, y ahí les enseñaba, matemática, historia, cuanta cosa pudiera y muchas veces se acostaba a las cuatro de la mañana preparando sus clases.

Ante todo son vivencias, por eso una de las cosas que me dolió fue lo que pasó. Pero la vida es eso, tiene circunstancias adversas, pero las más de las veces son aspectos positivos. Esos problemitas que surgen uno se los tiene que aguantar. No sé por qué a mi padre tenían que desaparecerlo y a mi madre dejarla sin trabajo, en fin esas son las cosas que duelen. Mamá tuvo que emigrar a Alajuelita que en ese momento era un lugar socialmente mal constituido, ahí fue mi pobre madre. Por eso el gran cariño que yo le tengo a la figura de la madre. Que lo proyecto tanto en mi escultura. Y cuando un día de tantos, si es que mi escultura vale, se haga un recuento de lo que he hecho van a tener mucho material que les permitirá hablar de ese aspecto; porque yo amé entrañablemente la figura de mi madre. Porque yo sí supe valorar lo que era una madre y mucho de lo que tiene este escudo que analizamos está en ese sentido. Por ejemplo, el gran amor que tuvo Coyoche por esta tierra y por su mujer Gorotsara, nos permite reconocer que él, si supo amar y valorar la belleza de esa mujer, quién sabe qué cariño le tendría y qué cosas especiales tomó de ella, que le hizo tomar la actitud que tomó; pues fíjate que todo ese simbolismo está inmerso en este escudo y que bueno que fue en esa época, porque luego vendría el trago amargo; pero a decir verdad, todo ese problema he tratado de olvidarlo. Para mí lo hermoso fue encajar todo eso en una composición que me diera como resultado un símbolo que representara al pueblo ramonense.

TB.- En lo particular a mí me gustaría una lectura de la figura de Coyoche expresada en su escudo. Me parece que se reproducen algunos elementos que no son propios de la cultura huetar ?
OV.- En primer lugar Coyoche tiene en su manos dos instrumentos propios de la cultura indígena. En su mano derecha vemos una hacha de guerra, cruzando su pecho el carcaj, y colgando en él su águila. Colgajos que tienen toda una valoración simbólica en las culturas indias. Además su bincha con un juego de plumas y luego sus flechas en la mano como sentido de resistencia. Esta figura, si yo la hiciera en escultura, tendría muy pocas variaciones. Tal vez el aspecto físico, aquí (en el escudo) es una figura ideal.

TB.- ¿ Don Olger a qué se debe el tamaño tan desproporcionado de las plumas. Es difícil pensar en un ave, para esta región que aportara tales indumentaria para adornar el penacho de los indios?

OV.- Por supuesto que no. El tamaño de las plumas corresponde a elementos propiamente compositivos. A mi me parecía que esos dos brazos tan abiertos quedaban un poco duros y fuertes, entonces desde la perspectiva plástica resultaba muy fácil meter unas líneas curvas, la línea curva es la línea de la gracia, por eso metí un par de plumas en esta composición, ya que venían a proporcionar un excelente equilibrio. Claro está, Coyoche no usaba unas plumas tan largas como estas. Repito, aquí es un elemento puramente plástico.
Ahora bien, la coloración original que había en este escudo, lo que está fuera propiamente de él, tiene que ver con el aspecto etéreo de nuestro espacio, de nuestro cielo y entonces habían una serie de colorcitos y matices cálidos, nubes de invierno, de momentos felices del medio día. Yo más o menos traté de lograr por la vía de esa coloración simbolizar los espacios propios de San Ramón.

TB.- ¿ Hablando del trago amargo que usted menciona, y que a mi criterio nos remite al problema de los escudos de San Ramón, es importante manifestarle lo siguiente: En 1975, siendo presidente de la Municipalidad el Prof. Arnaldo Acosta, se invita al señor Jorge Gallardo, especialista en heráldica, para que diseñe un escudo para San Ramón, pues el que se tiene no responde a la lógica de los blasones y es por tanto una alegoría. Lo interesante de esta nueva versión es que incorpora en su mayoría los elementos que configuran su creación. Una acotación más. Revisando su escudo, en la parte conocida por la heráldica como el “abismo”, usted incorporó un elemento propio de los escudos de armas. ¿ A qué se debe eso o que nos puede decir Olger al respecto ?

OV.- Más que una alegoría, es un símbolo alegórico. De 1975 hasta el 89, es el período en que se usa el otro escudo. Ahora bien, ese espacio que tu dices que es el abismo, es el símbolo coraza, la coraza de lucha los que usaron los cruzados, por supuesto que es un escudo de lucha, pero en mi trabajo está idealizado, profundamente idealizado porque entre las cosas que me aportó don Eliseo Gamboa, estuvo ese elemento de la heráldica. Eran unos escudos que tenían por detrás unas agarraderas o manoplas que les llamaban. Ellos peleaban con el escudo en la mano y la cimitarra los judíos y con la espada los españoles. Por eso no me extrañó, precisamente, que fuera este señor el que realmente impulsara la nueva idea del escudo de armas.

Por supuesto que en las conversaciones con Don Eliseo él me habló siempre de la heráldica. Pero yo fui claro en esa oportunidad. Le manifesté a don Eliseo que no quería nada con la heráldica. Yo quiero hacer una cosa típica, una creación pictórica, si me tengo que ajustar a la heráldica voy a estar limitado. Cuando a uno le ponen reglas, lo limitan; máxime si se fijan todas los lineamientos, eso no deja nada a la imaginación o a la creatividad. Si a mi se me hubiese dicho que tenía que hacer tal cosa así, y así, de seguro que no hubiera participado. Estoy seguro que por el cariño mutuo que nos tuvimos, a él le convenció la idea mía, porque había la posibilidad de hacer una cosa a derecho, respetando a su vez la creatividad del artista. Una creatividad que nos acercara a lo más representativo de San Ramón, a los rasgos simbólicos que nos caracterizan como pueblo y cantón.

Posiblemente a Don Eliseo lo sedujo más tarde la idea, de que el escudo podría estar a derecho si se ajustaba a los cánones de la heráldica. En tal caso creyendo enmendar lo que él suponía como un error, desistió de la idea de lo artístico que habíamos sustentado inicialmente en la creación del Escudo de San Ramón, por una cosa puramente heráldica. En esa posición descansó el asunto. Claro que de repente uno puede perder la cordura, pero todo tiene su momento.

TB.- A propósito de ajustar las cosas a derecho o a los patrones de la heráldica, yo quiero llamar la atención que el escudo que se puso en vigencia en 1975, se inscribe, no dentro del patrón de la heráldica española, sino que reproduce un modelo francés. Los más usuales son: el cuadrilongo, redondeado y terminado en punta. Si observamos el escudo de 1975, se ajusta a este patrón.

OV.- Yo quiero decirte una cosa, Trino, yo no tengo nada contra ese escudo. Pero lo que si te puedo decir con toda honestidad, con toda sinceridad es que éste símbolo que yo le regalé a mi pueblo, porque no cobré ni un cinco, lo único que aportó la Municipalidad fueron los materiales. Recuerdo que la colaboración económica me la entregó don Trino Echevarria y también conté con el apoyo en ese momento de Teófilo Herrera. Ayuda sincera o no, pero forman parte de la historia que dio lugar a que naciera el escudo de San Ramón. Por supuesto que Don Eliseo Gamboa que fue el mentor intelectual de este escudo, y que como lo dijimos, sabía que respondía a una cuestión meramente artística; se convierte en impulsor de la idea del nuevo escudo.
En aquel momento yo defendí mi idea, quería recuperar la historia de mi familia, de este cantón, representar en él mis antepasados, yo tengo en mi árbol genealógico a muchos artistas, gente que tuvo que ver mucho con las artesanías, la minería, el arte, la poesía, con la escultura, la música y la educación. En mi familia hay un escultor resultado de los dos troncos familiares. Mi abuelo Juan Brenes, por ejemplo, fue escultor en primer oficio y luego repostero, y por el otro lado, el lado de los Villegas y de los Cruz, los Cruz todos eran músicos, constructores de instrumentos. Artesanos, músicos y escultores confluyen en una sola rama. Por los Villegas, te dije que tuve un abuelo extraordinario y los hermanos de Papá fueron escultores. Mi abuelo hacía lagartos, figuras de animales que yo vendía y con las cuales me ganaba algunos centavos. De tal manera que hay una amalgaba que tiene que ver mucho con el arte y a la cual yo reivindicaba a través del escudo. Aparte del gran cariño que yo he sentido por este pueblo, yo creo que eso es una cosa consustancial a todos los ramonenses, todo ramonense ama su terruño y yo no iba a ser la excepción. Yo siempre he tenido un gran afecto por mi pueblo. De tal manera que el escudo está hecho exclusivamente bajo esos lineamientos. Repito, ese fue el criterio que defendí ante don Eliseo. Terminada la obra, tanto don Eliseo, como Teófilo Herrera y don Trino que había sido mi maestro, además de todos los munícipes de aquel momento, lo avalaran a plenitud, se sintieron representados en el escudo que yo les ofrecía.

En verdad que con respecto al escudo de 1975 no se que factores se pusieron en juego; si factores políticos o la verdad que no se que elementos entraron en juego, Trino, porque yo ya no vivía aquí en San Ramón. Había tenido que salir de San Ramón a buscar ambiente a otro lado.

A Lolito Barrantes le debo la información de haberme puesto en antecedentes de que mi escudo había vuelto a ser considerado como el escudo original de San Ramón, y por supuesto que eso me llenó de alegría. Porque es importante recordarlo, el escudo original de San Ramón estuvo metido en la cantina de “Pipo” Barrantes, creo que se llamaba el Pipo`s Bar; lástima, porque aunque se preservó, su pintura original se deterioró bastante.

Yo tengo una idea que creo voy a materializar un día de tantos, antes de que me muera. Es colocar este mismo símbolo en el parque Alberto Manuel Brenes, pero en forma de pirámide, una pirámide larga, y en esa pirámide van a ir por sus tres caras, la esfinge en bronce del escudo, por lo menos esto es lo que yo he soñado para hacer por el pueblo de San Ramón. También he pensado buscar el apoyo decidido para crear una escultura monumental. Tal
vez la idea no ha cuajado porque no ha tenido el ambiente, o yo no he sido lo suficientemente asiduo en la forma de presentarla. Sería un monumento a Coyoche con su Goyotsara. Ya tengo las maquetas. Esta escultura estaría situada en la islota que sirve de entrada a la radial de San Ramón. Sería un verdadero impacto para la visión turística y para el fortalecimiento del encuentro con nuestras raíces. Además, los extranjeros rematarían con una visita al Parque donde estaría colocada la pirámide de que hablábamos.

Fíjate lo que es la vida, en San Ramón se han hecho una serie de reconocimientos a una serie de personas muy valiosas. A mí por ejemplo nunca la Corte Suprema de Justicia me ha querido comprar un proyecto; dichosamente Domingo Ramos fue favorecido en este proyecto; no obstante siendo yo el escultor más viejo de San Ramón no se me ofreció esta oportunidad. ¡ Bendito sea Dios!, es que en todas partes se cuecen habas. Otro aspecto, y no por resentimiento, yo luché por una beca a Italia que jamás en la vida se me dio. Tengo por ahí una carta que le escribí a Carlomagno Araya, en donde yo le contaba muchas de estas cosas, el proceso de amaneramiento que se estaba viviendo en algunos ambientes y el poco estímulo que se nos brindaba a algunos jóvenes, que comenzábamos a distinguirnos en el área que cultivábamos.

Por supuesto que la voz de aliento de Carlomagno fue un gran estímulo. Siempre manifestaba que no me arrugara, que recordara otros ejemplos de personas, que mantuviera el decoro y la dignidad, que, permítase la expresión, “echara para adelante”. Tuvimos una profunda amistad. Le encantaba que yo lo provocara con temas esotéricos y espiritistas; la verdad es que sabía bastante al respecto y juntos visitábamos una especie de logia que tenía su punto de reunión donde la señora Mercedes Suñol. Carlomagno era un hombre convencido de haber pasado por varios mundos y estaba en plena capacidad de contar dichas experiencias. Pero además de ser un hombre extraordinario, tenía otra gran virtud, era un hombre de una memoria exquisita. Era capaz de leer un poema una vez y posteriormente recitarlo de memoria. Yo soy un buen lector, pero no tengo la virtud de la memoria del poeta. Además de Carlomagno, dicen que también Teodoro Picado era un hombre de memoria lúcida, pero yo no le conocí esa fase. Tal vez la única persona que conozca con características parecidas a las de Carlomagno fue un amigo mío, que siempre se sintió despreciado e incomprendido por la sociedad, lo que lo llevó a aislarse y desgraciadamente murió de cirrosis, estoy hablando de Álvaro Sánchez Mejía. Era un poeta barbeño, un hombre que estudiaba ocho horas diarias y a título autodidacta hablaba y leía con gran fluidez más de siete idiomas: ruso, alemán, francés, inglés, portugués, italiano y catalán.
TB.- Una última pregunta. En la Sesión Ordinaria No.349, de agosto 18 de 1989, en el folio 6, artículo 8, se lee el informe de comisión presentado por el Lic. Rodolfo Fernández y la Master Silvia Castro, en la cual se da una justificación muy precisa en la que recupera el escudo tradicional, de Olger Villegas, como el verdadero escudo de San Ramón , por ser el más representativo, el que nos identifica y nos acerca más decididamente a la idiosincrasia del pueblo ramonense. ¿ Qué opinión le merece esta situación y finalmente quién es Olger Villegas ?

OV.- Trino, de corazón, a mi no me interesa la plástica de Costa Rica para figurar, yo tengo ya una edad de 65 años, nací en 1934, he vivido una serie de experiencias tremendas; algunas muy ingratas, pero otras muy reconfortantes y en la vida he aprendido que se debe poner en la balanza todo lo mejor que le haya sucedido a uno y desechar todo lo que le produzca amargura. Entonces he llegado al convencimiento que yo soy una persona que ha hecho un esfuerzo tremendo, yo nunca tuve becas de ninguna especie, yo no tuve ese privilegio y al final de la jornada, yo siento que no tuve necesidad de ello, porque pude ir a México, por ejemplo, y he podido viajar a otros países, no tan interesantes como Italia u otros países de Europa en cuestión de escultura y del arte, aunque yo soy del criterio que debe tenerse cuidado y cuestionar de que sean la meca del arte. Yo siempre he creído que las culturas Mesoamericanas, nuestras culturas autóctonas, precolombinas o como se les quiera llamar, nuestros primeros pobladores de América tuvieron culturas tan interesantes, tan grandes, como las tuvo Europa. De tal manera que yo pienso que en la plástica nacional hay una serie de escultores muy importantes, no me encuentro entre ellos, pero yo pienso que soy una persona que ha trabajado con una gran honestidad, con un gran cariño porque mi vida ha sido la escultura. Tal vez no sólo la escultura, la música, el canto, la poesía. Tengo la ilusión de publicar un libro donde voy a contar una serie de anécdotas, cosas lindas que me han sucedido y entonces pienso que ahí voy a poder decir con toda libertad, todo lo que he pretendido, mis logros y los proyectos futuros. Sigo estudiando. La escultura es de todos los días y cada rato, eso se los dije siempre a mis alumnos. Lo que aprendí ayer no puede ponerse en práctica automáticamente para hoy, la escultura y su investigación es de todos los días. Se debe volver a estudiar las cosas aún teniéndose la certeza de que se sabe, que efectivamente todavía es algo que funciona. Todo lo que son las soluciones plásticas que uno emplea en su escultura, no son fórmulas, esa es la “tontera” grande que cometen muchos escultures y por esa razón es que siempre he estado investigando, no anquilosarse, quedarse sembrado en el pasado. Tal vez yo me aprendí eso para mi vida; debemos escoger el modelo y escudriñarlo hasta lo último, hasta
estar seguro de que se está en lo cierto, porque de lo contrario sería un autoengaño. Para mi estas premisas constituyen un placer, el vivir estudiando. Porque no sólo se estudia la escultura en el libro, la escultura es una cosa manual, de transformación constante, que obliga a estar tocando constantemente el material, amalgamando, estar poniendo en práctica todo el instrumental manual. Es decir, es necesario procurar que las dos cosas se correspondan, el estudio y la práctica para tener como producto final una obra que sea respetable, y esa ha sido el esfuerzo mío como escultor. Repito, desde ese punto de vista he sido una persona muy honesta, muy trabajadora, nunca le he robado nada a nadie ni material ni intelectualmente, porque soy de las personas que piensan, que creen afirmativamente en la originalidad y en la creatividad. En nuestro tiempo, y principalmente en escultura, la gente se preocupa por aprender e incorporar en sus obras conceptos ajenos, repetir modelos como loras. Yo pienso que el hombre que vale es aquel que dice: “Yo creo que esto es así, yo siento que es así, por tales y cuales razones, y no aquel que hace algo por quedar bien sin estar lo suficientemente convencido de lo que hace”.

El escultor está obligado, pues, a preguntarse: ¿ Estaré yo satisfecho con esa idea, estaré yo convencido o seré consecuente con esa idea ? Mucha gente repite y repite conceptos por aquella cosa de querer hacer sentir que sabe. La escultura mía, yo creo que refleja lo que yo hago, porque como se dice vulgarmente, yo he echado pelos ahí, poniéndole alma vida y corazón a la creación plástica que hago; entonces, desde ese punto de vista sigo creyendo que lo que hago está muy bien hecho.

¿ Está muy superada la escultura figurativa ? Claro que sí, pero no podemos hacer otra cosa por mero snobismo, por estar acorde con la moda actual o con lo que hace alguna serie de mediocres que dicen que revuelcan, pegan parches y se atreven a decir que eso es arte, ¡ah! porque eso si es una cosa moderna, entonces yo tengo que ir a hacerla, por supuesto que no, a mi no me interesa eso. Yo sigo haciendo las cosas en las que yo creo y nada más. Este espíritu fue también el mismo que plasmé en el Escudo de San Ramón, que bueno que otra gente haya comprendido exactamente lo que este símbolo representa para nosotros los ramonenses.
PS/: Muchas gracias don Olger, en primer lugar por la amabilidad de haberme permitido esta entrevista y, más allá de eso, por la gentileza de haber venido hasta mi casa para que yo lo entrevistara. Créame que al hablar con usted, nos vemos obligados a impulsar muchas de sus ideas a fin de que se hagan realidad.

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2 Respuestas to “El valor del escudo”

  1. News info…

    I was reading the news and I saw this really interesting topic…

  2. eloccidente dice:

    Thanks for your comment