Archivo para la Categoría ‘Anecdotario’

PA´ RELLENAR UN LOTE

Publicado por eloccidente En diciembre - 15 - 2011

Paul Brenes Cambronero

PA´ RELLENAR UN LOTE

            Contaba el recordado educador don Carlos García,  que allá por 1940 se encontraban varios ilustres ramonenses de aquellos tiempos, conversando en la esquina sureste de la Escuela Jorge Washington. Se trataba de don Augusto Jenkins, don Alfredo Salazar Caballero y el recordado presbítero Clodoveo Hidalgo. Los ilustres tertuliadores conversaban sobre la propiedad que se encontraba al frente del lugar en que se encontraban, que era una ciénaga llena de sapos, ranas y numerosos animales que allí habitaban. Ellos eran propietarios de gran parte de esa manzana y pensaban en cuanto sería el costo de rellenarla.

            Al rato de estar en la conversación, vieron venir con rumbo al sur a don Yanuario Campos, personaje oriundo de Pata de Gallo,  cerca de Berlín, hacia donde se dirigía después de hacer sus diligencias en la villa.

            Don Yanuario era conocido por su picardía, su sencillez y su don de buenas gentes, además de su risa, que era característica, él soltaba un “jia, jia,jia” sumamente gracioso y llamativo.

            Al verlo venir, lo saludaron y pensaron en jugarle una broma, así que lo saludaron y lo llamaron. Este se acercó quitándose el sombrero en clara señal de respeto hacia el padrecito. Este lo saludó y le dijo  que estaban pensando en rellenar aquella manzana.

            -Me parece muy bien padrecito, jia, jia, jia,- , le contestó riéndose alegremente.

            -¿pero se necesita mucha tierra? Le preguntó el padrecito-

            -Usted lo ha dicho, jia, jia, jia, se necesita mucha tierra- le contestó de nuevo.

            El padre Hidalgo le contó que estaban pensando hacer el relleno, trayendo el Cerro de El Tremedal, y que seguro con esa tierra les alcanzaba para rellenar esa y muchas manzanas más, que son igual de fangosas y le lanzó la pregunta:

            -Don Yanuario, usted que es un hombre de experiencia y de trabajo, ¿Cuántas paladas de tierra se necesitan para trasladar el cerro?-

            -Pues vean señores-, les respondió, -asegún, si la pala es más grande que el cerro, con una palada tienen- y se alejó contento con su jia, jia, jia.

 

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La casa de los sustos

Publicado por eloccidente En mayo - 20 - 2011

ANECDOTARIO RAMONENSE

Paul Brenes Cambronero

 

LA CASA DE LOS SUSTOS

 

A principios de los años sesenta, el barrio San José, en la ciudad de San Ramón, se encontraba muy agitado por sucesos inexplicables que sucedían desde días atrás. Resulta que en una casa ubicada 100 metros al oeste de la actual Escuela Laboratorio, camino a San Isidro, empezaron a asustar, una vez que anochecía, hechos misteriosos e inexplicables se presentaron de tal manera, que hicieron que la familia que allí vivía, tuviera que desalojar la vivienda a toda prisa.

 

Según contaban, alguien estaba durmiendo tranquilo, cuando de pronto, en la oscuridad de la noche un objeto le caía sobre su rostro. En otras ocasiones dormían plácidamente, cuando de pronto se escuchaba los chillidos de un animal, aparentemente un mono, que recorría la casa, habitación por habitación, dando horrorosos gritos que asustaban a todos. Aunque se levantaban a buscar, nunca pudieron ver al mono. Racimos de bananos que se estrellaban contra las puertas de los cuartos, piedras en el techo, objetos desaparecidos o destruidos y muchas cosas más, hicieron que la familia se espantara.

 

La casa fue desalojada y nadie se atrevía a entrar.

Cada anochecer, en el entonces apacible pueblo de San Ramón, cientos de personas se dirigían hasta el lugar para presenciar los hechos sobrenaturales que tuvieron en suspenso durante meses a toda la comunidad

Por la esquina de Pilar Hidalgo pasaban y pasaban docenas de personas, que al llegar al sitio, se limitaban a mirar expectantes, desde una distancia prudencial, esperando ver algo de lo que, sin saber su origen, mantenía espantado a todo el vecindario.

 

Un día de tantos, después de mucho especular sobre los fenómenos que allí ocurrían y sobre las posibles causas, un grupo de hombres, se sintieron con valor y decidieron entrar a la casa para verificar lo que se decía que ocurría dentro de ella. Entre los que ingresaron se encontraba Oscar Carvajal, propietario de la Joyería del mismo nombre, persona muy conocida y apreciada en San Ramón quien, dentro de sus facetas, siempre fue conocido porque gustaba de dar bromas.

 

Al ser las siete de la noche, el grupo de valientes decidió que era el momento de ingresar a la casa y enfrentarse a lo desconocido. Siete personas, en fila india, entraron con mucho recelo en la oscura casa.

 

El grupo avanzaba por la sala, cuando Oscar Carvajal que iba de último en la fila, divisó en la oscuridad, un objeto posado sobre una de las sillas, del que solamente apreciaba su silueta. Con un rápido movimiento se inclinó, con su característico espíritu bromista, y a pesar del miedo que sentía, lo tomó sin pensarlo dos veces y lo arrojó hacia los que avanzaban delante de él, golpeando en la espalda al compañero que encabezaba la fila, con el ánimo de asustarlo. El choque del objeto con la espalda del golpeado, provocó un ruido sordo, que a los oídos de aquellos hombres semejó a un latigazo, tal era el suspenso con que avanzaban en la oscuridad.

 

El grupo se detuvo, muy asustados sus integrantes, sin entender lo que pasaba. Hubo un silencio absoluto, que hasta permitía escuchar las agitadas respiraciones de los valientes exploradores.

Después, unos segundos de silencio y el suspenso que se vivía en aquella oscuridad cerrada, fue roto por un grito de espanto, emitido por la víctima de la broma de Oscar:

 

-¡Es cierto!, ¡es cierto!, ¡aquí asustan!, A mi me acaban de pegar una pelota de mierda en la espalda.-

 

Mientras los demás corrían despavoridos buscando desesperadamente la salida de la casa de los sustos, Oscar Carvajal se llevó su mano a la nariz, comprobando, asqueado por el mal olor, que cosa era la que realmente había lanzado a su compañero en plena espalda.

 

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Obituario

Publicado por eloccidente En marzo - 31 - 2011

Obituario
Atenas

María de Los Ángeles Sequeira Argüello, 5 de febrero
Manuel Arce Vásquez, 23 febrero
Otoniel Pérez Fernández, 25 febrero
Miguel Ángel Castro Vega, 26 de febrero
Carlos Alfredo Salas Morales, 2 de marzo
Mercedes Arguedas González, 10 marzo

Grecia

Cristina Corrales Rojas, 11 de febrero
Carmelina Bolaños Murillo, 14, de febrero
Vicenta Barrantes Mejía, 16 de
Enrique Segura Alvarado, 17 de febrero
Luisa Bolaños Solís, 19 de febrero
Gerardo Quesada Vargas, 23 de febrero
María Esther Alfaro Murillo 23 de febrero
Eva Morales Bogantes, 26 de febrero
Juan Rafael Rodríguez Cruz, 26 de febrero
Melba Barrantes Barrantes, 2 de marzo
Cristina Berroterán López, 3 de marzo
Febe Dodero Molinari, 6 de marzo
Ida María Barrientos Vargas, 6 de marzo
Rafael Porras López, 7 de marzo
Fidel Murillo Bolaños, 8 de marzo
Rigoberto Miranda Porras, 8 de marzo
María Elisa González Hidalgo 9
Flor María Cascante Vargas, 10
Vilfredo Núñez Ballestero 14 de marzo

Naranjo

José Francisco Fresno Salazar, 23 de febrero
Álvaro Arrieta Vargas, 23 de febrero
Marina Araya Hernández 24 de febrero
María Cecilia Jiménez Picado, 25 de febrero
Rafael Montero Cambronero, 26 de febrero
Friolera Alexandra Mora Morales, 27 de febrero
Catalina Hernández Barahona, 28 de febrero
José Luis Vega Hernández, 1 marzo
Felicitas Clemencia Hernández Molina, 2 de marzo
Miguel Antonio Sánchez Arce, 6 de marzo
María De los Ángeles Hidalgo Prado, 7 de marzo
Palmares

Floribeth Barahona Vargas, 21 de febrero
Francisco Castro Ramírez, 5 de marzo
Yamileth Arce Quesada, 7 de marzo
Modesta Francisca Granados Trejos, 10 de marzo
Xiomara Sibaja Bolaños, 12 de marzo
Sarchí

Eduardo Salazar Chaverri, 28 de febrero
Jorge Barrantes Valenciano 22 de febrero
Teodoro Castro Chavarría, 4 de marzo
San Ramón

Yamileth Zumbado Rodríguez, 12 de febrero
Jorge Eduardo Cruz Fernández, 13 de febrero
Carlos Eduardo Mora Villalobos, 19 de febrero
Miguel Ángel Morera Vásquez, 25 de febrero
Alvaro Quesada Araya, 2 de marzo
Carmen Zamora Retana, 3 de marzo
José Martín Angulo Brenes, 5 de marzo
Mariano Chavarría Salas, 6de marzo
Tobías Salas Salas, 6 de marzo
Humberto Ureña Salazar, 13 de marzo
Antonio Cartín Varela, 13 de marzo
Eloy Ramírez Jiménez, 15 de marzo

Zarcero

Aurea Campos Rodríguez, 10 de febrero
Misael Rojas González, 19 de febrero
Mayra Villalobos 5 de marzo
Carlos Salas Villalobos, 7 de marzo

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Anecdotario

Publicado por eloccidente En diciembre - 22 - 2010

ANECDOTARIO RAMONENSE
Paul Brenes Cambronero

EL APOSTADOR

En una fiesta en casa de Derwin “Macho” Orozco, tal vez en el año 1990, la conversación se tornó interesante cuando un grupo de los presentes empezó a contar anécdotas sobre temas y personajes ramonenses, sobre lo que se conversó por largo rato. Entre anécdotas y risas se estaba, cuando Ricardo “gato” Cambronero Carvajal, con toda autoridad, dijo:

-En San Ramón hay muchos personajes, pero para mí no hay como ese “Macho cucaracho”- Dijo refiriéndose a Horacio Rodríguez Herra, conocido con ese mote, sobretodo en el billar del finado Juan Rafael Moya, más conocido como Moyita, donde frecuentemente pasaba largas horas.
Gato continuó con su relato:
-Ese muchacho a todo le apuesta, juega póquer, juega dominó, juega veintiuno, ¡a qué no le hace!, ¡a todo le apuesta!

Gato respiró profundo y siguió:

-Miren ese carajo ve pasar un pájaro y dice, ¡les apuesto tanto a que se para en una rama de aquellos árboles!, y no es cuento que saca plata y apuesta. El otro día venía una muchacha caminando por la acera del parque, como a cincuenta metros de donde estaba Macho cucaracho con Kika, que es otro igualito a él, y dijo, ¡apuesto cien pesos a que cuando esa muchacha llega a la esquina se baja de la acera con el pie derecho!, y de verdad que apostaron. ¡Es que a todo le van con la masiada!

Los asistentes con gran atención, continuamos oyendo a Gato Cambronero, que siguió relatando acerca de ese personaje ramonense:

-Miren-, dijo, -El otro día estaba en misa, y había un grupo de mujeres cantando arriba en el coro, en aquel balcón que queda muy alto, cuando de pronto, tratando de acomodarse, una de ellas se resbaló y casi se cae, ¡por dicha quedó guindando de la baranda!-

-¡Toda la gente gritó espantada!, pensando que se iba a caer, y se quedaron viendo, pero el problema es que ella andaba con enaguas y desde abajo se le veía todo, por lo que el padre, que estaba en el púlpito dijo:

-¡Al que mire Dios lo cegará!

El relato sigue:

-¡Ustedes saben que susto!, inmediatamente todos volvimos a ver para otro lado, por respeto al padrecito y para no quedar ciegos, pero, ¿y ustedes saben qué hizo ese condenado de Macho Cucaracho?

-No- respondió Pedro Abdalla . -¿Qué hizo?-

-¡Diay!-, respondió Gato, -pues que el sinvergüenza se tapó un ojo con la mano y volviendo a ver para arriba dijo:

-¡yo me juego un ojo!-

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Anecdotario

Publicado por eloccidente En agosto - 25 - 2010

LA EXCURSIÓN

Paúl Brenes

Allá por el año 1965, José Ángel Gamboa decidió una noche irse de cacería. En un saco de gangoche puso todo lo necesario, desde el viejo pichel de lata en el que hervía el agua para chorrear el café de la madrugada, pasando por un pedazo de manteca para cocinar; una cobija para protegerse del frío de la montaña, y en fin un saco lleno de todo lo que consideraba necesario, incluyendo sus armas y la munición respectiva. Se dirigía hacia las Gemelas, sitio ubicado en la carretera hacia Puntarenas y uno de los lugares preferidos de José Ángel para ir a guatusear.

Con el pesado saco a cuestas, José Ángel se paró a la orilla de la carretera que lleva de San Ramón a Puntarenas, esperando que pasara la cazadora, como se llamaba popularmente a los autobuses en aquellos tiempos.
Tenía unos minutos de estar esperando, cuando observó que la cazadora se acercaba. Con su mano hizo señales y el vehículo de detuvo. Al subir, le extrañó que la cazadora no era la que él esperaba, de servicio público regular, sino que se había montado en una que transportaba a un grupo de excursionistas de algún barrio de San José, quienes iban de paseo al puerto de Puntarenas.

Los excursionistas iban bien pasados de tragos, cantando, gritando y dándose bromas entre ellos. José Ángel le explicó el chofer que iba hacia el sitio conocido como “las Gemelas”, llamado así por unas alcantarillas colocadas en la carretera para el paso de aguas pluviales y que eran idénticas., a unos 15 kilómetros al suroeste de San Ramón. Como el chofer no sabía exactamente donde estaba el sitio, quedaron en que José Ángel le avisaría al aproximarse. Al ver que los pasajeros venían tomando licor y muy exaltados, decidió no sentarse y se quedó de pie junto al chofer.

Cuarenta y cinco minutos después, al llegar a La gemelas, José Ángel le dijo al chofer:

-Es allá, donde están aquellas piedras-

El conductor empezó a frenar, cuando un grupo de pasajeros, lo tomó a broma y empezaron gritar en coro:

-¡No pare, no pare, puerto, puerto, llevémoslo al puerto!

Al principio el chofer no sabía que hacer, pero luego decidió sumarse a la broma y aceleró de nuevo, lo que preocupó a José Ángel. Este le volvió a decir:

-Por favor, pará junto a aquellas piedras-

Ante esto arreciaron los gritos:

-¡Siga, siga, puerto, puerto!-

El chofer, divertido, se aprestó a continuar con la broma, cosa que no le hizo nada de gracia a la víctima, quien metió la mano en el saco de gangoche, y sacó un pesado revólver calibre 45, el cual apuntó a la cabeza del chofer, mientras le dijo:

-¡O Parás, o sos alma que en breve conversará con Satanás!-

En el autobús, de repente hubo un silencio total y muchos ojos asustados de bromistas a los que se les bajó la borrachera como por arte de magia, mientras los chirridos de los frenos del vehículo se escuchaban hasta que se detuvo por completo, para que el pasajero se bajara, en el sitio que había pedido.

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Anecdotario

Publicado por eloccidente En junio - 25 - 2010

Por: Paúl Brenes

En una fiesta de amigos, en la casa de Derwin “Macho” Orozco y su familia, tal vez en el año 1994, la conversación se tornó interesante cuando un grupo de los presentes empezó a contar anécdotas sobre temas y personajes ramonenses, sobre lo que se conversó por largo rato. Entre anécdotas y risas se hablaba de diversos personajes ramonenses, cuando Ricardo “gato” Cambronero Carvajal, contó acerca de un personaje ramonense, que él conocía y admiraba por sus ocurrencias
-En San Ramón hay muchos personajes, pero para mí no hay como ese “Macho cucaracho”- Dijo refiriéndose a Horacio Rodríguez Herra, conocido con ese mote, sobretodo en el billar de Juan Rafael Moya, donde pasaba largas horas con frecuencia.
Gato continuó con su relato:
-Ese muchacho a todo le apuesta, juega póquer, juega dominó, juega veintiuno, ¡a qué no le hace!, ¡a todo le apuesta!

Gato respiró profundo y siguió:

-Miren ese carajo ve pasar un pájaro y dice, ¡les apuesto tanto dinero a que se para en una rama de aquellos árboles!, y no es cuento que saca plata y apuesta. El otro día venía una muchacha caminando por la acera del parque, como a cincuenta metros de donde estaba Macho cucaracho conversando con Kika, que es otro igualito a él, y dijo, ¡apuesto cien pesos a que cuando esa muchacha llega a la esquina se baja de la acera con el pie derecho!, y de verdad que apostaron. ¡A todo le van con la masiada!

Los asistentes con gran atención, continuamos oyendo a Gato Cambronero, que siguió su relato acerca de ese personaje ramonense:

-Miren-, dijo, -El otro día estaba en misa, y había un grupo de mujeres cantando arriba en el coro, en aquel balcón que queda muy alto, cuando de pronto una de ellas se resbaló y casi se cae, ¡por dicha quedó guindando de la baranda!-

-¡Toda la gente gritó espantada!, pensando que se iba a caer, pero el otro problema es que ella andaba con enaguas y desde abajo se le veía todo, así que el cura, que estaba en el púlpito dijo:

-¡Al que mire Dios lo cegará!

El relato sigue:

-¡Ustedes saben que susto!, inmediatamente todos volvimos a ver para otro lado, por respeto al padrecito y para no quedar ciegos, pero, ¿y ustedes saben qué hizo ese condenado de Macho cucaracho?

-No- respondió Pedro Abdalla . -¿Qué hizo?-

-¡Diay!-, respondió Gato, -pues que el sinvergüenza se tapó un ojo con la mano y volviendo a ver para arriba dijo:

-¡yo me juego un ojo!-

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