
LOS TRES PILARES DE UNA SOCIEDAD EXITOSA
Paul Brenes Cambronero
El día de año nuevo, en el año 1900, los ramonenses celebraron el primer día del último año del siglo XIX, con un acontecimiento que vendría a aportar un elemento excepcional en la cohesión social de San Ramón y que tendría una trascendencia innegable durante todo el siglo XX. Ese día un grupo de jóvenes se reunieron y fundaron el Club de Amigos.
Años después, el 31 de agosto de 1926, en un acto de similar importancia, y ante la supuesta connotación elitista, que el primer club mantenía hasta la fecha, otro grupo de ilustres ramonenses se reunió en el Teatro Lisímaco Chavarría, fundándose, tras largos años de intentos, el Centro de Cultura Social, o Club Obrero, como se le llamó allá por 1914, cuando empezó a intentarse su formación.
Con estos dos acontecimientos, la sociedad ramonense construyó los instrumentos que le permitirían una organización social ejemplar y que se constituirían, -ambos clubes- en el tercer pilar de la sociedad.
En efecto, San Ramón transitó por el siglo XX en un seguro vehículo de tres ruedas, con el cual sorteó con éxito cuanto reto se le presentó durante todos esos años. El hogar, la institución educativa y el club, fueron entonces esos tres pilares que soportaron el peso de la sociedad ramonense.
En nuestra casa, los padres sabían de nuestras actuaciones en la escuela o en el colegio y lo mismo sucedía, cuando asistíamos al club. Había una efectiva comunicación entre el hogar, la escuela y el club, y los ganadores éramos los jóvenes.
Para los que tuvimos la oportunidad de conocer al club, como una institución clave, es fácil recordar cómo era que en esos años los jóvenes nos formábamos bajo un simple pero efectivo esquema social, en donde éramos educados con los mismos valores en nuestras casas, en la escuela y también cuando permanecíamos en los clubes.
Antes de 1977, las mujeres no ingresaban a los bares, -cantinas, como se les llamaba- sino que su lugar de vida social era el club. El lenguaje cotidiano estaba cargado de esas vivencias: ¿Fuiste al Club?; nos vemos en el Club; ¿viste que hay baile en el club este domingo?, las madres decían a sus hijos y a sus hijas: si vas a salir, solamente si es al club. Todas estas eran frases que se escuchaban en todo momento. Los jóvenes no concebíamos la vida social sin que estuviera de por medio la figura del club social.
En los clubes se tomaban las decisiones transcendentales para San Ramón, pues en un noche cualquiera, en el Club de Amigos, -para citar un ejemplo- estaban allí reunidos los regidores municipales, los diputados del cantón y en tiempos de don Chico Orlich, hasta el presidente de la república. Allí surgió la idea de asfaltar las calles del centro, o de instalar la primera central automática de teléfonos y muchas otras cosas históricas sucedieron en ambos clubes. Sin duda alguna, fueron las dos instituciones ramonenses de mayor importancia política, económica y social, durante el siglo XX.
Lamentablemente es un momento dado, se perdió el norte y se nos vino encima un cambio impredecible hace apenas 40 años.
En 1973-74, la Junta Directiva del Club de Amigos decidió que había que construir un nuevo edificio acorde con la grandeza de la institución, la idea parece buena, aun a casi cuarenta años después, pero la verdad es que indirectamente se gestó una serie de cambios que muchos lamentamos en el San Ramón de hoy en día.
Una institución como el Club de Amigos, con un significado histórico impresionante, se puso en manos de un arquitecto foráneo que no tenía la menor idea de lo que se estaba poniendo en su poder. Recuerdo verlo una noche, de pie en la entrada al club, presenciando el movimiento de la gente dentro del local y va resultando que con una hora que estuvo allí, de testigo de esa noche, creyó que había captado el espíritu acuñado por miles de ramonenses en largas décadas de interacción social. Así nació ese edificio y así se fue a pique esa gran institución.
Oscar Nienmeyer, el principal y más célebre de los arquitectos que diseñaron Brasilia, en la espesa selva brasileña, cuya fama es reconocida en todo el mundo, dijo una vez: “Denme al matrimonio más unido y yo lo divorcio con el diseño de su casa”.
Así, ese edificio, ostentoso, bien hecho y aparentemente funcional, fue construido con un mensaje implícito para la sociedad ramonense, que a partir de su fundación empezó a divorciarse de su principal ente social.
Como decíamos al principio, primero nació un club, pero luego la necesidad, -y también la competencia- dio lugar al nacimiento del otro. Durante 50 años, ese “pique amistoso” permitió a los clubes superarse y crecer aceleradamente.
Con el declive del Club de Amigos, hoy reducido a la mínima expresión, lamentablemente se vio afectado el centro de Cultura Social. Construido el edificio actual del Club de Amigos, podemos documentar sobre el surgimiento de los modernos bares ramonenses en donde ingresan indistintamente hombres y mujeres, cosa que nos parece normal, pero que era impensable en aquellos días.
El Centro de Cultura Social, a partir de 1954, cuando llegó a la presidencia el visionario Arnulfo Carmona Benavides, apostó al crecimiento y construyeron entonces el moderno edificio que sostuvieron hasta finales de los 80′s.
Con Arnulfo Carmona el CCS inició una era de crecimiento vertiginoso, convirtiéndose en el centro social de mayor afluencia.
Lamentablemente la falta de competencia, surgida a partir de 1975, golpeó lenta pero efectivamente a esta institución, la que llegó a vivir una verdadera crisis a finales de los 90′s y a principios de este siglo XXI.
Afortunadamente, la fuerza con que se desarrolló el centro de Cultura Social, a partir de 1954, lo llevó a acumular un rico patrimonio, el cual, aunado a un grupo de soñadores que se sacrifican por su club, al que aman profundamente, ha permitido que este sobreviva.
Algunos años han sido mejores, otros no tan buenos, pero lo importante es que tiene el potencial para continuar adelante y existe la decisión de continuar con el proyecto que cumplirá 85 años el próximo 31 de agosto.
El Centro de Cultura Social pareciera ser la institución que está en capacidad de asumir el liderazgo en la conducción de la vida social ramonense y da algunas señales positivas en este sentido. Esperemos a que todo salga acorde con estos deseos y con el trabajo que desde allí se plantea cada día. Fuerza para seguir, sabiduría para saber por dónde, esos son los dos ingredientes necesarios.
Popularity: 3% [?]







