La escultura del carretillo

Publicado por eloccidente En febrero - 24 - 2010

Domingo Ramos A.

Dice Séneca que por lo general los seres humanos consideramos felices a aquellos que atraviesan por la vida sin ningún problema ni grandes contratiempos, gentes que nacen en cuna de oro, para quienes la mayoría de obstáculos parecieran apartarse a su paso… Pero el triste suspiro de frustración que se nos escapa al intuir cierta injusticia del destino, pues no nos dio aparentemente oportunidad de escoger ni el tiempo ni la cuna donde nacer, se transforma en flor, cuando nuestro filósofo agrega que, paradójicamente, esos son los seres más desdichados, en cuanto la vida no los consideró dignos de plantearles problema alguno, sabedora que no podrían solucionarlo.

¡Qué dicha entonces, haber nacido pobre y hermano de las adversidades que -como también decía don Quijote- suelen perseguir al buen ingenio! Pero también qué injusto para ellos, pues tampoco eligieron nacer con esas plumas de plata que les negará la oportunidad de levantar libremente el vuelo… Pero bueno, sea que nos resulte claro o no -como dice la Desiderata- el universo marcha como debiera… La cuna no se puede elegir, ni el apellido, ni los hermanos, ni el color de la piel, ni la estatura… A mi me tocó nacer en un hogar sin plata, pegadito al suelo como los árboles y de esas cosas nunca me he lamentado, pues de mi infancia y de mi juventud guardo los mejores recuerdos. Donde nací tuve amor, ríos limpios, montañas, aire fresco, azahares, lluvias, nubes, aves y cantos, potrero donde galopar, un cielo donde volar y muchas piedras donde escuché las voces del tiempo, que me hablaban de esos misterios telúricos que aún hoy me comunican cuando las esculpo, para librar sus secretos interiores… No teníamos pan, el agua dulce o el café se tomaba con un trozo de yuca sancochada, un pedazo de tiquizque, algún ñampí con sal, un chayote, una tajada de ayote, o alguna tortilla casera recién doradita en las brasas: grata como una caricia, ardiente como el beso del amor.

Pero aquella aparente escasez, si se la mira con los ojos del consumismo y la abundancia actual que tanto empobrece a tantos, constituiría, con el pasar del tiempo, mi mayor riqueza: banco personal de mis anhelos, granero de ilusiones y esperanzas, mina secreta donde me refugio cuando los vendavales de la vida me azotan contra la indiferencia de nuestros desdichados tiempos, donde el dolor ajeno, ajeno queda y donde los valores se dejan podrir junto a la falta de solidaridad… Allá en aquellas soledades no todos los días brillaba el sol, pero al igual que las súrtubas, había que abrirse un espacio entre las neblinas. Las noches eran largas y oscuras, el sueño se turbaba con el crujir de las ramas que, aunque hermanas, se laceraban por atrapar el sol con la misma fuerza destructora de las envidias humanas… Pero en aquellas horas de desvelo, aprendí a escuchar la voz del corazón, que nunca engaña…

No cabe duda que ahí se fraguaron mi habilidades para el arte: licencia para pilotear mis mejores sueños, entre los cuales, tuve el de viajar un día a Italia… Y aunque mis posibilidades económicas eran escasas, nunca lo vi como un imposible. Por el contrario, aquella aparente adversidad, me espoleó el alma hasta los linderos de la obsesión… Desconocía las palabras de Coelho que aseguran que cuando algo se desea con vehemencia, se cumple, porque los astros conspiran para que el sueño florezca… Pero por Dios o por ellos, el mío se cumplió y mucho mejor de lo que pensaba, pues yo creía que lo haría lavando platos en algún barco y, ante todos los pronósticos, lo pude hacer mediante una beca del gobierno italiano… Recordaba después don Mario Cambronero, (que Dios tenga en su gloria) que una vez, lleno de euforia yo le contaba de mi beca y alguien preguntó por el monto… “¡Doscientos dólares!”, le respondí al interlocutor que, sin poderlo evitar sentenció: “¡Ay muchacho, pero te vas a morir de hambre; eso no te alcanza ni para comer!” Pero lo que a don Mario le había quedado grabado en su mente fue la candidez de mi automática respuesta: “¡Es que yo voy a estudiar, no a comer!”

Y con aquella poca plata sobreviví, sin lujos, pero feliz de verme en Roma, aquella Cittá Eterna, donde se fraguaría, en gran parte, la visión universal del mundo que como artista escultor trato de plasmar en mis obras… Cinco años en Roma me permitieron lograr las metas en los estudios y desplazarme desde allí a los diferentes puntos de toda Europa, donde visité museos y galerías de arte… Tenía presente las palabras de mi abuela que decía que el tiempo perdido hasta los santos lo lloran, por lo cual traté de aprovecharlo al máximo en tantas cosas: a parte de la especialidad en Historia del Arte Medieval y Moderna de la Universidad de Roma, obtuve una Laurea (licenciatura) en la Academia de Bellas Artes de Roma, un curso de especialidad en restauración de monumentos y otro sobre los procesos escultóricos del mármol: piedra que trabajé en Forte dei Marmi, pequeña ciudad entre Pietrasanta y Carrara…

Recuerdo una anécdota graciosa que me sucedió (entre muchas), en mi condición de estudiante pobre, durante mis estudios en Roma, entre 1975 y 1980 y que, a pesar de los años, de vez en cuando aflora desde el fondo del río de los recuerdos donde el paso del tiempo, suele pulir sus arenas multicolores, cuya nostalgia las transforma en pepitas de oro… Resulta que una vez me invitó un grupo de artistas latinoamericanos a exponer en la lujosa Galería de Arte San Marco, situada en Via del Babuino: céntrica arteria entre Piazza del Popolo y Piazza di Spagna… Yo tenía una figura en mármol, fruto del sacrilegio de haber esculpido un trozo de columna romana que me habían regalado en la Academia de Bellas Artes, que distará unos seiscientos metros del lugar que acogería nuestra exposición… No tenía plata para un taxi, por lo que con la mayor naturalidad la cubrí con una bolsa plástica para basura y con la ayuda del misceláneo la coloqué en un carretillo y me fui… Al llegar encontré a los artistas descargando sus obras bien embaladas y en lujosos carros…Todos me miraban con triste sorpresa y sus miradas se encontraban entre ellas como avispas rabiosas… Nadie se prestó para ayudarme a bajarla y entendiendo lo que había hecho, habría deseado desaparecer como por magia… Pero ya estaba ahí; la llevé adentro y cuando el carretillo chirreaba en busca de la primera bocacalle donde ansiaba desaparecer, una voz se compadeció de mí y me gritó: “¡Oye hermano, la próxima vez pídele ayuda a alguno con carro, eso es feo!”

Aquel día se me salían las lágrimas de vergüenza y no me presenté a la inauguración, pero al terminar la muestra, Domingo Ramos fue el único artista que vendió su obra… ¡Muchas gracias!

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SAN RAMÓN: Cuna del Arte y la Cultura

Publicado por admin En mayo - 26 - 2009

Domingo RamosDomingo Ramos A.
dramosa13@yahoo.es

San Ramón es un pueblo reconocido por su apego al arte y la cultura, lo cual se debe a la labor tesonera de muchos hombres y mujeres que, con mucha visión, supieron plantar la semilla del progreso, al lado de las tradiciones que fortalecen las raíces históricas y culturales de este pueblo.

Los ramonenses de hoy somos herederos de grandes poetas, pensadores, ilustres maestros, políticos y científicos, cuyo legado cultural nos distingue de otros cantones del país. Hemos venido recogiendo y disfrutando el sembradío de los abuelos. Pero ha llegado el momento de remover los surcos y plantar la vid y el olivo que sean el vino y la gloria de las futuras generaciones.
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