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ID de Artículo : 672
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Versión 1.00
Fecha de Publicación: 10/12/2008 11:10:52
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Paul Brenes

Los ramonenses nos hemos caracterizado siempre por apoyar al coterráneo, cada vez que lo encontramos fuera del pueblo haciendo alguna gestión, incluso, se da una situación interesante que consiste en que hay muchas personas que vemos a diario en nuestras calles y no siendo de nuestro círculo cercano de amistades, muchas veces, cuando las topamos por las aceras, las saludamos levemente; pero, cosa distinta ocurre cuando nos encontramos en la capital, o en cualquier otro lugar a esas mismas personas, porque entonces el saludo es efusivo.


Siendo San Ramón un pueblo que ha dado a la patria figuras prominentes en todos los campos, las que han ocupado todas las posiciones imaginables en el gobierno, bancos y todo tipo de instituciones, nos hemos acostumbrado a que todo el tiempo, cuando entramos, por ejemplo, a un banco o ministerio en San José, lo primero que hacemos es buscar al ramonense que allí trabaja y una vez que lo encontramos con la mirada, aquel de inmediato se pone de pie y viene a nuestro encuentro para ver en que puede ayudarnos.

De igual manera, siendo muchos ramonenses, personas que han ocupado tradicionalmente altas posiciones en la función pública, nomás llegan a ejercer su cargo, cuando muchas personas de su pueblo llegan de inmediato a pedir empleo. Así, a través de la historia, son muchas las instituciones públicas que se han caracterizado por tener gran cantidad de ramonense en su nómina.

Una de esas instituciones ha sido la Contraloría General de la República, que ha tenido a dos ramonenses en forma consecutiva, ocupando el cargo de Contralor General.

A mediados de la década de los sesentas, el Contralor General era un ramonense de cepa: Eugenio Rodríguez Vega, quien posteriormente sería Rector de la Universidad de Costa Rica, Ministro de Educación, entre muchos altos cargos que ejerció con honestidad, eficiencia y seriedad. Al lado de don Eugenio se encontraba otro gran ramonense en el puesto de Sub Contralor. Se trataba ni más ni menos que de don Roberto Losilla Gamboa, ilustre ramonense que ha sido diputado por dos veces y Embajador en Venezuela entre otros cargos públicos que ha desempeñado con señorío.

Evidentemente, el hecho de tener a esas dos figuras en los puestos mencionados, aunados a la gran calidad humana de esos dos personajes, hizo que muchos ramonense iniciaran una brillante carrera en esa institución. Por razones obvias, ellos veían con gran simpatía la llegada de algún coterráneo más, en cuanto se presentara la oportunidad.

En una ocasión, se encontraba don Eugenio en su despacho, atendiendo sus asuntos y girando a instrucciones a José Alberto “Beto” Cambronero, uno de sus subalternos, -de quien está por demás decir que es ramonense por los cuatro costados- cuando en ese momento, entró en forma intempestiva don Roberto Losilla, quien venía con un documento en sus manos. Don Roberto venía presuroso, leyendo el documento, con sus anteojos sobre la cabeza y mirando al Contralor General con rostro de preocupación, le dijo:

-Eugenio, nos metieron un gol-

Ante la mirada de extrañeza de Eugenio Rodríguez, levantó el documento que traía en sus manos y enseñándoselo de lejos le explicó con voz severa:

-Ese muchacho nuevo, que empezó a trabajar el lunes, es… de San Ramón… de Tres Ríos-

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