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ID de Artículo : 675
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Fecha de Publicación: 11/12/2008 12:09:01
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Palabras de García Monge en la Escuela Jorge Washington de San Ramón, en la noche del 11 de Setiembre de 1940

Joaquín García Monge

El sentido religioso de la tierra o de la patria dan a los pueblos increíble arraigo y fecundidad para las grandes ideas. En esta apacible noche, diré algo para que sigan pensando…Tierra nutricia es la tierra en que nacemos: en ella nos sostenemos y nos sustentamos. Aunque los progresos de la mecánica nos permiten sostenernos en el aire, en el agua, el hombre civilizado del siglo XX vuelve a la caverna; cuando cruzan los aviones asesinos, los hombres civilizados gatean buscando la cueva, el regazo de la maternal tierra que da la protección. Allí descansarán nuestros huesos; de la tierra venimos y a ella volvemos.


La tierra es el alma máter del hombre. Nuestra primera obligación es civilizarla.
No en balde nacieron ustedes aquí, don Cleto en Barva, yo en Desamparados. El alma errante que busca una geometría donde alojarse, por misteriosas disposiciones halla albergue en esta tierra o en aquella. No sabemos de dónde venimos, a dónde vamos, lo único que sabemos es que somos transeúntes. Este por qué nacimos aquí o en tal otra tierra, nos vincula y obliga a deberes con el lugar donde nacimos. La primera obligación con ella es civilizarla.

Va a cumplirse un siglo de la fundación de San Ramón. El San Ramón agreste se ha hecho civilizado. Cuando se cumpla otro siglo será supercivilizado.
En la mente de los fundadores no estaba la iglesia, la escuela que hoy existen; en la mente de nosotros no está lo que será dentro de un siglo.
Hace dos o tres años no estábamos tan cerca de San José; la carretera nos acerca, nos une con los vecinos, la ciudad se prolonga.
Mañana los caños no correrán por encima sino por dentro.
Se civilizará San Ramón como ciudad y como campo; la montaña, la huerta serán civilizadas…

La tierra se civiliza por medio de la técnica agrícola, haciéndola más productiva; cuanto más agricultura sepamos, más productiva será; tenemos que mejorar la tierra. Se habla de terrenos áridos, de los que dan sólo café, sólo pastos. La tierra no es sucia, ni está muerta; hay que enamorarla; es cosa vivísima.
Los emigrantes de la Argentina acarician los surcos y dicen: hay que enamorarlos. La tierra no necesita sólo técnica, necesita amor. El costarricense dice: la tierra es agradecida ¡Linda expresión!
La obligación es civilizar la tierra a base de cariño y de técnica.
Nuestra tierra, la de San Ramón. Toda tierra, es geografía y es historia. Nos une la geografía, nos desune la historia.
Europa unida geográficamente, es desunión histórica: cada diente de los hombres con sus bajas pasiones hace la discordia; sus codicias, sus maldades, traen el desacuerdo.
De la geografía aprendamos la unión.
La gente del llano tiene un modo de ser: más alegre, más sensual, más franco. Los de la sierra: más espiritual, más recogido.
Nos dicen los del Guanacaste "cartagos": quiere decir calculistas, sapances, pasmados. Ellos tienen más fuego. Allí está la geografía determinando el carácter de las gentes…

La religión de la tierra tiene cuatro raíces clavadas en nuestro Yo: la naturaleza, el espíritu, la moral, el amor. San Pablo llama Caridad al amor. Lo fundamental de la religión es el amor al prójimo: la cosa más difícil!. Se vive de ilusiones; algunos se compadecen del chino que está a gran distancia y sufrió una inundación y no se compadecen del prójimo del frente: no le ha pasado un río, pero está pasando hambre! ¡qué río, qué inundación peor que el hambre!
Otra raíz de la religión es la moral; otra el espíritu. Hay un mundo que está como un libro abierto: desde la estrella más lejana hasta el gusanito de luz son maravillosos; nuestra obligación es hallar la verdad en toda esa maravilla y se habrá hallado a Dios.
Otra raíz del sentido religioso es la naturaleza: el río, la montaña, el trueno. Mientras el hombre no comprende la causa del rayo, el huracán, las mareas, cree en los espíritus malignos que agitan la naturaleza; cree en los dioses amigos y enemigos.
Para el mejicano, el peruano, la providencia está en el lago; para el egipcio, el indú, la providencia está en el Nilo, en el Ganges. Como eso no cambia, allí está el sentido religioso de la tierra. Pasan los hombres y permanece la tierra; morirán muchos hombres, y estará el Irazú siempre infundiendo el mismo sentido religioso.

No enajenemos la tierra; ella es eterna, inamovible; no la enajenemos. Yo no soy enemigo del extranjero, pero nuestra primera obligación es conservarla. De dos modos se puede perderla: organizaciones violentas y militares han quitado la tierra al polaco, al francés; otro modo, es pasando de la condición de propietarios a inquilinos. Esta pérdida, es más terrible que la otra; no nos la quitarán por dominio militar, sino por dominio civil. Llega cerca de la ciudad de San Ramón un extranjero, compra diez manzanas, veinte... y sin disparar un tiro, al cabo de algún tiempo hemos perdido la tierra con nuestra voluntad y nuestras leyes.
Por qué se enajena la tierra? Por qué la dilapidan? Acaso porque la reciben en herencia de sus padres? ¡Grave pecado!
Si hay aquí partidarios de Hitler, perdónenme: Hitler ha dicho que de esta América nuestra se apoderará sin disparar un tiro. Él siente desprecio por los que la habitan: para el ario, el moreno, el negroide, son gentes perdidas. En la medida que crezca en Costa Rica el latifundio extranjero, se perderá la libertad.
El mayor latifundio de Costa Rica es de la United Fruit. Guatemala es latifundio alemán; en el Brasil los alemanes componen 2.000.000 que alineados en paso de ganso harán una república cualquier día. En Cuba el latifundio es del National City Bank. Patagonia lo es de Inglaterra.
Esta guerra resolverá todo: o nos salvamos o nos perdemos todos, Ya tenemos perdida la mitad de la partida por el enajenamiento civil.
Debe decirse esto con valentía, en vísperas del 15 de Setiembre, no nos vayamos a quedar cantando el himno y saludando a la bandera, y sin tierra. No nos pase lo de Puerto Rico.
Nos salvamos de los filibusteros, y luego nos perdimos con las concesiones a la United: le hemos cedido el Atlántico y el Pacífico. Le iremos a dar el Norte?
El porvenir de América está en Europa. Se juega en los E.E. U.U. y en sus barajas vamos nosotros; en esa mesa de juego se sientan los que tienen barcos y aeroplanos y un trabuco en la mano. Estamos en una de las más terribles encrucijadas de la historia. Unos están encantados de la vida, sonrientes, como si nada pasara. Y la hora es ¡muy grave! hay que decirlo frente a un público como este, y si se pudiera, frente a toda América…

Fragmento de la conferencia del maestro Joaquín García Monge (1881-1958), reconstruida por doña Bertalía Rodríguez y publicada en Surco, Cuaderno Quincenal de Cultura. Año I, Nº 1, San Ramón, 15 de setiembre de 1940.

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