Colegio de Periodistas
Ingreso
Menú
Recomiéndenos
ID de Artículo : 686
Audiencia : Default
Versión 1.00.01
Fecha de Publicación: 11/12/2008 16:33:24
Lecturas : 263

Sonia Rodríguez Quesada

En estos días se está celebrando el quincuagésimo aniversario de la Escuela Francisco José Orlich Bolmarcich y me invitaron a las actividades de la celebración de sus actos conmemorativos. Ahí trabajé por primera vez. Muy joven aún, me nombraron directora de la escuela que más amé.

Cerré mis ojos y me devolví en el tiempo, empapé mi frente de silampa y retorné al pasado. Sé que mis recuerdos, son los recuerdos de otros, de muchos de mis ex alumnos, de los padres de familia y de los vecinos. Muchos se han ido y en estos momentos los recordamos con cariño, otros crecieron y son padres de familia o abuelos.


Alumnos de la Escuela Francisco J. Orlich, junto a sus maestras (1961).


“La Paceñita” salía a las seis de la mañana de San Ramón. Era una “cazadora”, bus pequeño y viejo, que significó mucho en el desarrollo del distrito. Con luces o sin luces, con llantas desgastadas o mal de frenos siempre entraba y salía puntualmente. Traía las maestras y maestros del distrito y los iba repartiendo por las diversas escuelas; lo mismo al regreso. Su dueño, Evelio Rojas, tenía mal genio; pero nosotros lo queríamos muchísimo, por sus atributos y especial colaboración. Yo me sentaba en primera fila y como sus brazos cortos no lograban alcanzar con facilidad las marchas, se las alcanzaba. Cuando esto sucedía se enojaba muchísimo y algo me decía. Pero, el cariño creció y llevé al bautismo a su hija Marisa.

También recordamos con mucho cariño a Lulo a quien le ayudábamos a cobrar el pasaje o a alumbrar con un foco la orilla del camino cuando “La Paceñita”, se quedaba sin luz. El camino era fangoso, encharcado, duro. Muchas veces se quedaba pegado el bus y entonces bajaban el chofer y algunos vecinos a cortar ramas, a poner piedras o cuanto material existiera para que continuara adelante. En alguna ocasión cayó un derrumbe sobre el camino y duramos días haciendo trasbordo. También recordamos a Julio Blanco, que desde muy pequeño hacía de cobrador. Le decíamos Julillo y todas lo queríamos porque era atento y servicial. Julio pasó luego a ser un empresario exitoso.

En la gráfica aparecen: Mariana Barboza, Emilce Carrillo, Virginia Lobo, Lidia María Paniagua, Sonia Rodríguez y Virginia Ulate.

Cuando La Paceñita llegaba a la pulpería encontrábamos a don Gregorio ordeñando una vaca. Metódicamente nos brindaba un buen vaso lleno de leche con espuma, delicioso, inclusive, algunas veces, le echaba azúcar y unas gotas de contrabando.
La vida en esta escuela y en este barrio transcurrió en forma feliz. A menudo las maestras nos quedábamos a dormir. Hacíamos “turnos” muy buenos, pero para eso visitábamos familia por familia: desde las casas de las familias Elizondo y los Morera hasta donde los Pérez y más allá.

Y algo he de contar que manteníamos en secreto: en muchas, muchas casas nos ofrecían contrabando arreglado con miel de abeja, nances o alguna otra cosa¡Era una forma de agradarnos! Nosotras al principio, por educación nos tomábamos el traguito, pero; después decíamos: ¡Qué rico!..
Para el 15 de setiembre hacíamos muchas actividades: adornábamos la calle principal con banderitas tricolores, hacíamos desfile de faroles que iniciaba en la escuela y terminaba en la casa de don Lalo y doña María Alfaro. Recuerdo que Héctor Ulate, director del Bureal, venía siempre a celebrar las efemérides a nuestra escuela. En algunas ocasiones también las otras escuelas de Piedades Norte.

La STICA, en la que trabajaban la niña Vicky y don Efraín Abarca, realizaba una labor extraordinaria, asesorando a los jóvenes y amas de casa. Estas actividades siempre se cerraban con un concurso, y por supuesto, las maestras, entre otros miembros, éramos parte del jurado.
Personal de las escuelas La Esperanza, Piedades Norte y Francisco J. Orlich: Engracia Montero, Mariana Barboza, Virginia Lobo, Mery Pereira, María Eugenia Blanco, Félix Pineda, Lidia Ureña, Marcos García, Cecilia Salas y Sonia Rodríguez.
También, nos dedicamos a capacitar a los alumnos que se habían quedado rezagados. Quisimos que finalizaran sus estudios de Conclusión de Educación Primaria y se logró. Hicimos grupos de Educación para el Hogar, Costura y de Cocina entre otros. Toda la labor extra clases.

A veces nos íbamos de paseo: a la finca de Orlich, a los trapiches, a la escuela de Piedades Sur e inclusive, una vez, fuimos a las playas de doña Ana.
Hacíamos teatro y en algunas oportunidades fuimos a representar obras a la escuela vieja de P. Norte.

En fin para nosotras, educadoras muy jóvenes, fue una época dorada. Había vecinos maravillosos, muy colaboradores. Entre ellos, buenos y generosos estaban Don Gregorio Rojas, don Eliseo Arredondo, Ma Minda, como le decíamos cariñosamente, don Juan Pedro Jiménez, don Lalo, don Juan Morera, don Evelio Arias, don Juan Rafael Arias, don Otoniel Núñez, todos con sus respectivas esposas e hijos. Las familias Madrigal,Vargas, Rojas, Elizondo, Pérez, Quesada, Vega, Sánchez, Bejarano, Ramírez, Jiménez, en fin muchos otros nombres de personas y familias que escapan a mi memoria.

El personal Docente (1960- 1964) estaba conformado por Lidia María Paniagua, Virginia Lobo, Emilce Carrillo, Virginia Ulate, Cecilia Salas, Ana Cecilia Villegas y mi persona. Anteriormente había estado en la dirección María Isabel Ulate C. De esta escuela salieron profesionales, trabajadores y comerciantes que posteriormente serían orgullo de su barrio.
Felicitaciones al Personal Docente y Administrativo, muy en especial a su directora Master Heidy Rojas, a la Junta de Educación, al Patronato y a todos los padres de familia, alumnos y vecinos por la extraordinaria celebración del Quincuagésimo aniversario de la Escuela Francisco Orlich Bolmarcich.

0
|  Enlaces 
Página Amistosa para Impresión Envíar este Artículo a un Amigo
 
Los comentarios son propiedad de quien los envió. No somos responsables por su contenido.
Periódico El Occidente